Cuadro de un Jabalí, hermosos cerdos salvajes de nuestros campos. Pintura al oleo del año 1996. Oleo sobre tabla. Manuel Sosa © 1996
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Impresiones artísticas Giclée sobre lienzo
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Verdadero arte en las manos y el corazón Preciosa la lámina. Mejora al natural. La encargué para un regalo para un amante de las aves. Por error me enviaron otra y el señor Sosa tuvo el detallazo de regalarme la equivocada y me envió la que pedí, con lo cual pude dar un regalazo. Preciosas las dos. Gracias por su generosidad. La persona que las recibió es seguidor de sus cuadros y le hizo enormemente feliz. Mil gracias.
Tórtola europea Yo tengo esta pintura, y otras más, una maravilla, tengo la casa con varios cuadros de Manuel, zorzal, becacina, codorniz, si sería más grande la casa tendría mas, gracias Manuel por hacer más accesible dichos cuadros
Pude personalizar las láminas Mil gracias por tu ayuda, muy profesional y cercano. Qué te vaya muy bien!
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Estreno del primer album de Manuel & Vicente Sosa
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1 valoración en Jabali
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| Dimensiones | 61 × 78 mm |
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| Dimensiones | 61 × 78 mm |
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Angle Moya –
¡Qué soberbio primer plano, maestro! Si en composiciones anteriores nos deleitabas con la dinámica de las huidas o la ternura familiar, aquí apuestas por el retrato psicológico y anatómico puro. Es una pintura que impone respeto absoluto.
Te atrapa es la mirada del viejo macareno. Ese ojo pequeño, castaño, inteligente y desconfiado, clavado en el espectador, concentra toda la sabiduría y la veteranía de un superviviente de las dehesas y las batidas. La fuerza de la cabeza en tres cuartos es monumental, destacando de forma soberbia las defensas: esos colmillos y amoladeras blanquecinos y afilados que sobresalen del labio con un realismo y un brillo perfectos, testimonios de mil batallas de celo y rascaderos.
Técnicamente, el lienzo es una lección magistral de texturas. Has huido del fondo detallado para centrar toda la carga plástica en la fiera. Las cerdas duras, ásperas y canas del pelaje, el sutil subpelo más claro que asoma bajo la capa oscura, la piel arrugada en torno al hocico y la tremenda densidad de las orejas erguidas y velludas están resueltas con una precisión de pincelada que casi permite sentir el tacto bronco del animal. La paleta de tonos tierra, ocres y grises plomizos del fondo ensalza la figura del suido, dotándola de una presencia escultórica.