Diez años ya haciendo el mismo camino gracias a mi perra, que me saca todos los días, llueva o truene. Al fondo, la gran mole granítica de ‘La Maliciosa’, reina de la sierra de Madrid. Corzos, zorros, garduñas se han tropezado algunas veces conmigo, pero aquí la protagonista es la vaca, pintada en este cuadro con sus dos ‘chotos’.. Oleo sobre lienzo. Manuel Sosa © 2018
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Verdadero arte en las manos y el corazón Preciosa la lámina. Mejora al natural. La encargué para un regalo para un amante de las aves. Por error me enviaron otra y el señor Sosa tuvo el detallazo de regalarme la equivocada y me envió la que pedí, con lo cual pude dar un regalazo. Preciosas las dos. Gracias por su generosidad. La persona que las recibió es seguidor de sus cuadros y le hizo enormemente feliz. Mil gracias.
Tórtola europea Yo tengo esta pintura, y otras más, una maravilla, tengo la casa con varios cuadros de Manuel, zorzal, becacina, codorniz, si sería más grande la casa tendría mas, gracias Manuel por hacer más accesible dichos cuadros
Pude personalizar las láminas Mil gracias por tu ayuda, muy profesional y cercano. Qué te vaya muy bien!
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Estreno del primer album de Manuel & Vicente Sosa
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1 valoración en Camino a ‘La Maliciosa’
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| Dimensiones | 81 × 48 mm |
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Alfredo Areces –
¡Manuel, qué tremenda alegría me da ver que me has subido un paisaje! Es un cambio de registro espectacular. Aunque tus retratos de fauna son insuperables, cuando abres el angular y nos llevas al campo, demuestras una maestría con la luz, la atmósfera y la tierra que es pura poesía serrana. El Guadarrama en vena.
Al contemplar este cuadro, la atmósfera te transporta directamente a un día frío pero luminoso de finales de otoño o principios de invierno en la sierra de Madrid. La luz de la tarde es una auténtica delicia: baja, dorada y rasante, golpeando con fuerza las nubes algodonosas del fondo y encendiendo las siluetas de las vacas avileñas que pastan junto al camino rústico.
Compositivamente, el cuadro está equilibrado de una forma magistral. Los árboles desnudados por el frío a ambos lados enmarcan la escena y guían el ojo del espectador de manera natural a través del sendero, sorteando los sutiles charcos del suelo donde se refleja el cielo. Al fondo, la imponente silueta azulada de La Maliciosa, coronada por los primeros neveros blancos, vigila todo el valle. El juego de texturas en el pastizal del primer plano y los muretes de piedra seca tradicionales es soberbio, ejecutado con una pincelada suelta, segura e impresionista que respira aire puro. Es una obra que huele a jara, a tierra húmeda y a sierra.